Web personal de Ricardo Fernández Moyano

Relatos

El Círculo de los Nombres


LA MAGIA DE LOS NOMBRES (Prólogo)

"Es curioso cómo ciertos nombres pueden ejercer un gran magnetismo sobre nosotros. A menudo unos nombres o familias de ellos, nos atraen e influyen más que otros envolviéndolos en una magia especial que parece guiar nuestros pasos, como un guiño del destino".

Así comienza Ricardo el relato que da título al libro y en el que quiero ver una especie de hilo conductor. Porque esa magia de la que habla es quizá la misma que nos invita a regresar a Utopía, una copia del sentimiento que nos hace simpatizar con el último farero y su destino, un sucedáneo de lo que debió sentir al encontrarse la mirada en el estanque el protagonista del cuento que abre serie, un símil del secreto de Llop Marí naufragando en Tabarca, un deseo de quien escribió la carta a Goya (¿quién dijo que un cuento no puede desentrañarse en dos palabras, nombre y apellido?).

"Cuando se acerca el fin, ya sólo quedan palabras", anunció Borges, y esas mismas palabras en las que Ricardo descubre un atracción, a veces fatal, tejen la historia agridulce de la droga campando a sus anchas en el horizonte de Amargo Néctar.

Luna de asfalto y Luces de neón comparten querencia por el juego de sombras, al igual que La vidriera y El catalejo la comparten por los sentimientos que a veces hibernan en los cajones de escritorios desusados.

La patera fantasma, desgraciadamente, es una metáfora de sí misma, todo lo contrario que La nube ecologista, único relato -aventuro con el permiso de Un robo de ida y vuelta- en el que el humor de Juan y Eliseo dicen muchísima más relación con la patria de adopción del autor que con sus orígenes manchegos. Menos mal que ahí está Mi abuelo y el tren para compensar. Este último cuento me sirve para elogiar en la prosa de Ricardo su desinterés por novelar, su afán y su acierto al contar sin enredar... Estos relatos vienen a mostrar que los artificios se deben a las novelas, enseñanza que por lo visto no se imparte en los talleres de escritura, tan de moda en nuestros días. Ricardo no emplea diez párrafos para contar lo que puede suceder en uno, y eso le da elegancia y corrección a su escritura. Ahí es deudor de Azorín, a mi modesto entender, del mismo modo que en poesía, en su primera poesía, le debe no poco a Miguel Hernández, pero esto ya es irse de tema.

Ricardo me pidió un prólogo sincero, "no en el que digas lo bien que escribo", y le robo las palabras; por eso he escrito lo anterior y concluyo con lo siguiente: "Ricardo es mucho mejor poeta que narrador y mucho mejor narrador que poeta, y quien quiera ver aquí un simplista juego de palabras ha de leer algunos de sus versos y a continuación alguno de estos relatos, en ese orden.

Me permito como editor añadir que este libro debe leerse porque todos los relatos cuentan algo, todos los relatos se entienden, todos los relatos están bien escritos y todos los relatos pueden ejercer un gran magnetismo sobre nosotros. A menudo unos nombres o familias de ellos, nos atraen e influyen más que otros envolviéndonos en...

Miguel Ángel Carcelén Gandía


Ricardo Fernández Moyano


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