Web personal de Ricardo Fernández Moyano

Poesía

Cuatricromía alfa. Antología poética


RENACER

I

Cada vez que muere una estrella
un olor a cierzo inunda el aire,
la lluvia se llena de luz
y la noche
perfuma de nostalgia el horizonte.

II

Siempre que estalla una estrella
nuestros sueños saben a gris,
un licor agridulce recorre las venas
y un estéril canto de pléyades
surge del fondo del abismo,
océano en donde otras veces
naufragó mi ardiente soledad.


De Tras la huella del tiempo

***

OASIS

Probablemente nadie escuchará
tu canción, reflejo agridulce
de tus dudas, y tus palabras
se las lleve el cierzo para siempre
como si nadie las hubiera pronunciado.
Navegarás en océanos de nubes,
la ansiedad dominará tus ojos
y una marea de cruel amargura
amenazará tu vida y su naufragio.
Pero algún día, al despertar
de tu letargo, comprobarás
que no hay esfuerzo inútil, ni
tu lucha habrá sido en vano
pues tal vez sea preciso vivir
la dura experiencia de la duna,
para poder degustar con calma
la dulce magia del oasis.

De Transparencias


***


MADUREZ

Hay muertes que te acercan a la muerte.
He envejecido muchos años,
pero no tengo más arrugas,
y siento el corazón más lento,
como si se me hubiera encogido.
Cuando la muerte roza tu rostro
con esta caricia anticipada,
ya la vida no sabe como antes,
aunque la sientes con más brío.
Hay muertes que te acercan a la muerte.

De La voz en la memoria


***

DESNUDEZ

Mi aliento despojé
del pánico.
Retiré los ropajes
que cubrían mis huesos
y me mostré
limpio de abrojos.
Para cuando me mires
sepas que bajo el céfiro
de esta reseca piel
se esconde
un corazón en ascuas por tu cuerpo.


***


INFANCIA

Todavía hay un niño
que gira alrededor del templete,
corre tras las palomas
en parques de nostalgia.
Deja posar sus ojos
sobre los árboles
y pasan los olvidos
ante él con arrogancia.
La calma de las tardes del estío
llena sus poros,
piensa que es joven,
demasiado inexperto para recordar.

De Rituales de identidad

***

LA PIEDRA

Somos escombros compactos
reflejados en la esfera
donde vuela el exilio.
Colgamos en mitad de la penumbra,
bajo una luz que tal vez no exista.
No conocemos el sabor de la sed
ni cómo atravesar la tormenta
o completar el puzzle de lo incierto.
Incapaces de divisar
la grieta de la llama,
caemos en la belleza del cepo.
La piel quedará clavada en la valla
formando parte de la galaxia,
este desierto.
¿Pero dónde está la piedra
que despertó las manos?
No hay paz, ni argumentos,
ni verdad,
aunque bajo mi piel,
sumergida entre las sombras,
pulse una estrella.

***


GRITO VELADO

La tierra tembló,
cayeron casas
dejando paso a días sin pan.
Un grito recorrió las gargantas.
La luna se hizo quejidos inaudibles.
Nadie escuchó aquel estruendo.
El mundo miró hacia otro lado,
dejó sonar los teléfonos
tras las puertas clausuradas.
Un pájaro irrumpió en la noche,
golpeando las ventanas
y dejó un eco sordo en el aire.

Del libro inédito Zarzal



Ricardo Fernández Moyano
 

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