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Placeres compartidos


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Placeres compartidos:

Ricardo Fernández Moyano

Carlos Villarrubia por Carlos Villarrubia

Placeres compartidos


Desbloquear el corazón atropellado por las horas del método; resurgir en cada palabra, amanecer al lado del amor por la vida. Con la paciencia de las sabinas milenarias, poeta en la cercanía. A la luz del quinqué intemporal acude la memoria a visitarnos con su voz pausada y melodiosa. Bajo los cielos de Zaragoza, Ricardo se abre paso entre zarzales, intuye que existe belleza en la humildad y paseos venturosos por el Parque a orillas del Ebro. Conectado a la naturaleza como Antonio Colinas y viajando hacia la esencia por los carriles de Gamoneda, tiene la quietud oriental necesaria para cincelar el haiku entre pedregosas caricias del destino.

Vuelvo por mis pasos familiares de Independencia a María Agustín. Plaza Aragón con Reme, Ricardo y Violant Muñoz, la conversación nace en torrentera y recordamos nuestro descubrimiento personal en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, cuando impartí el curso “Memoria y red”, gracias a los oficios de Chaime Marcuello. Palabra, vinculaciones y asociaciones, nuevas tecnologías en un presente continuo de hallazgos.

Ricardo venía de su Albacete con poemas y pinceles en bandolera y la sacudida del cierzo -que te perfila de Plaza España a Alfonso- puso geografía a la voz interior. Peldaño a peldaño, trepaba hacia el desván de sus sueños mientras acudía a los encuentros que yo organizaba y dirigía en Ecocentro Madrid -ahora recuperados en la hemeroteca del ABC- y también a las sesiones mágicas con Vanessa Montfort en ACCAI-Pensamiento de la capital. Aparecían poemarios de Ricardo con la transparencia del universo emocional que quiere -majestuoso- manifestarse.

Ángel Guinda no se equivocaba, el poeta se acercaba de forma radical a lo más remoto del ser humano. A petición suya escribí varios textos para desvelar -en paralelo- claves de su bitácora creativa. Palabras abriendo puertas, El arte de esperar… Me adentré en los secretos del autor, ese hilo invisible con lo que aún espera ser contado. Presenté Rituales de identidad en la Librería Catalonia y Zarzal en Documenta BCN. Mingo Messeguer o Abel Santos recitaron los poemas de Ricardo y el silencio dejó de dormir su perezosa siesta. Zaragoza-Madrid, quién sabe qué próxima estación.

Cuando con mi libro Zona Sensible regresé a las presentaciones en Zaragoza, sus palabras llenaron de luz y calor emocional los bajos de Pantera Rossa. Allí, con los hermanos Luis y José María Moreno Tortajada, Javier Arruego, Iris Lázaro, Eduardo Laborda y las canciones que escribí para las voces de Madre Tierra… “Sin romper el ayer”, “Corazón viajero”… vestimos con lagrimillas de activa añoranza la primavera aragonesa. Con mis Afectos en acción regresé al marco donde nos conocimos -el Paraninfo de tantas evocaciones históricas para la familia Villarrubia- en la agenda de la Feria del Libro y en compañía de toda mi gran pandilla de Zaragoza, a la que se sumaron Ana y Jordi Siracusa. Viajamos por mis textos y canciones con la ayuda de YouTube. Luego firmas y la noche para la ronda de futuros por cumplir. Siempre creciendo en la noble amistad, Ricardo.

Hay diamantes escondidos en su poética; no necesita clanes ni paseos por espejos narcisistas. Fortaleza emanada de la humanidad en tantas ocasiones sacrificada por el efectismo y la altanería. Me emocionó su poema donde baila la canción “Sin decir adiós”, que escribí para Hilario Camacho. Ricardo y el autor de “Madrid amanece” se conocieron en mis encuentros de Ecocentro. Caras en la bola de cristal tras de aquella ilusión sin ahorrar ni un átomo de alegría frente a la cantinela de tanto harakiri neoexistencialista. Pedimos paz y armonía, pedimos sentimiento y ritmo. No se vuela más alto por alardear de escepticismo. Pasearemos por el Tubo, tal vez recalando en Pascualillo, y si Zaragoza lo permite vendré con mi alma de niño de tobogán a buscar los ecos de mi memoria ondulante. Ricardo, entre óleos y poemas, seguirá buscando la palabra-llave para llegar sin reservas a lo mejor de nuestros corazones.


Ricardo Fern\C3ƒƒ\C3‚¡ndez Moyano
 

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